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La isla
Meša Selimović
ISBN: 978-84-10-14113-1
Encuadernación: Cosido
Formato: Rústica con solapas
Fecha de publicación: 4/06/2025
Número de páginas: 216
Traducido por: Miguel Roán
Epílogo: Miguel Roán
Imagen de cubierta: Elisa R. Piozza Iniesta
PVP: 20,00€
Ivan y Katarina son una pareja de jubilados que decide irse a vivir a una isla del Adriático, lejos de la gran ciudad, de sus hijos, de sus vidas pasadas. Allí pasan sus días de forma sencilla, rodeados de naturaleza, contemplando el mar y la belleza dramática que les brinda el lugar. Un refugio para sus últimos días, donde repasarán sus experiencias y aún vivirán otras nuevas, entre la resignación, la sorpresa y la desolación.
La vejez, el amor, la familia, el exilio, la soledad, la amistad, la moral, la muerte son algunos de los temas sobre los que Meša Selimović nos invita a reflexionar en esta obra existencialista y magistral. La isla es un mapa de las emociones del ser humano, en ella confluyen todos nuestros anhelos y conflictos vitales. Una isla en la que habitamos todos.
La isla, nunca antes traducida al castellano, es otro testimonio extraordinario de Meša Selimović, uno de los autores europeos más importantes del siglo XX.
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«Escrita en un estilo aparentemente sencillo, esta novela dejará fascinado al lector por su visión de la existencia humana, en su simplicidad desnuda, misteriosa y, al mismo tiempo, insignificante». La stamberga dei lettori
«La isla puede transmitir la impresión de un sentimiento trágico del mundo y de la existencia. Pero, en realidad, no es así. En Selimović esa tragedia es reemplazada por la búsqueda, aunque inútil, de un significado diferente de lo que son el mundo y el hombre». Božidar Stanišić
- BABELIA - EL PAÍS (Javier González-Cotta)
Dostoievsky en la antigua yugoslavia
Existencialismo de vía yugoslava. O Dostoievski en versión bosnia. Las etiquetas podrían resultar perezosas o algo gruesas. Pero la corriente existencialista en la literatura balcánica del siglo XX tiene nombre propio. Meša Selimović (Tuzla, 1910-Belgrado, 1982), escritor bosnio pero serbio por nacionalidad, profundizó también, como su admirado novelista ruso, en los pliegues del bien y del mal. Su obra refleja lo que la realidad, con sus rugosidades y contrapuntos, incide sobre la conciencia del hombre moderno. Nacido también en Bosnia como el premio Nobel Ivo Andrić (fue de hecho su amigo), Selimović, si bien no tan reconocido, es el otro gran novelista de un país que ya no existe, Yugoslavia, y de una lengua común, el serbocroata, hoy por hoy troceada en formas dialectales.
El derviche y la muerte, La fortaleza y El círculo (esta última no publicada aún al español) conforman la gran terna narrativa de un autor no del todo apreciado en sus inicios literarios. A su modo, una cuarta pata en la terna la conformaría La isla, novela compuesta en piezas fragmentarias y originariamente inconexas que ahora publica Automática con traducción de Miguel Roán. A diferencia de El derviche y la muerte y de La fortaleza, la huella de la Bosnia otomana de antaño se halla aquí ausente como paisaje de costumbres y, sobre todo, como forma de poder en abstracto, siempre mostrenco, siempre amenazante, al modo kafkiano. Tanto o más que en las novelas de Ivo Andrić (Crónica de Travnik, Un puente sobre el Drina), en Selimović la pincelada bosniaca sirve de tapiz al martirizado paisaje interior de sus personajes (un maestro sufí en El derviche y la muerte, un soldado de vuelta de la guerra en La fortaleza).
Aunque el espacio y el tiempo concretos son aquí algo difusos, La isla discurre en la Yugoslavia socialista de Tito, en una innombrada isla del Adriático (podría ser la isla croata de Brać, próxima a Split). Sus dos protagonistas, Ivan Marić y Katarina, ambos jubilados, viven aquí sus últimos años de vida con apuros económicos. Si el monstruo es la pareja (la idea tan optimista es de Juan José Arriola), ambos responden al arquetipo. Marido y mujer se debaten entre el vínculo filial y el desapego, el rencor y la claudicación, el miedo y el cobijo. La ambivalencia, tan del estilo de Selimović, penetra también en sus humores más íntimos y atormentados.
Hasta el entorno (la costa, el mar, las barquichuelas, el cielo, el pueblecillo de pescadores, las montañas) ofrece un paisaje supuestamente idílico que se descifra en clave psicológica. En un inquietante capítulo, unos delfines juguetones atraen la atención de Ivan. Este los observa complacido, hasta que proceden a una matanza de pececillos que tiñe el mar de rojo sangre como en las artes sanguinolentas de la almadraba. En otro capítulo, un sobrino de Katarina, entre nihilista y un punto mesiánico, se presenta sin avisar y los somete a un debate moral sobre si el fin justifica los medios aludiendo para ello a Balzac, a Nietzsche y, por supuesto, a Dostoievski.
El aislamiento. La urdimbre de la muerte. La escasez material. La erosión del individuo en el colectivo. La creencia o no en Dios. Los anhelos que se desdibujan. Son algunos de los temas que, con ciertos guiños autobiográficos, atraviesan La isla para ofrecernos una apresurada idea de hastío y desesperanza. Saber releer el mundo a través del hombre es una forma de redención, más allá del consuelo.
- AQUÍ MIS LIBROS
Mi reseña literaria: «La isla» de Meša Selimović
Tenía muchas ganas de leer este libro que por fin ha sido traducido al español. El bosnio Meša Selimović, de una manera magistral, nos narra en un tono reflexivo e íntimo que la existencia es posterior a la esencia pero que toda realidad es anterior al pensamiento al más puro estilo existencialista influenciado por filósofos como Jean-Paul Sartre o Karl Jaspers.
La obra nos traslada a una isla del Adriático llena de naturaleza para enmarcar la vida de dos personas jubiladas, Katarina e Iván, que acuden a ella en busca de tranquilidad, un retiro alejado de la ciudad y de su pasado donde vivir sus últimos días. La adaptación a la isla los lleva a enfrentarse a la vejez desde sus propias perspectivas con resignación y ternura.
- DÉTOUR (Juan Jiménez García)
Meša Selimović. Los días abandonados, por Juan Jiménez García
Abandonada la ciudad, la isla es para Ivan y Katarina el último lugar del mundo. Abandonadlo todo, abandonad a vuestros hijos en el bosque, escribía Breton. Sí, la familia quedó allí, en la ciudad. Tienen dos hijos. Uno murió. Piensan que no han sido muy afortunados: ninguno de ellos, hijos y padres. En la isla, el tiempo tiene otra espesura. Ellos se han jubilado, aunque tampoco son demasiado mayores. Cincuenta y algo. Selimović escribió el libro sin pretensión de que fuera una novela. Son relatos, fragmentos de vida y de muerte, y en su carácter fragmentario forman un todo indivisible
- CULTURAMÁS (Ricardo Martínez Llorca)
Se puede hablar de la felicidad mencionando sólo la desdicha. Eso es lo que sucede en esta isla a la viajamos, la que crea Mesa Selimovic (Tuzla, 1910 – Belgrado, 1982) para que sea a la vez refugio y cárcel. Una pareja de ancianos se exilia en este lugar sin nombre, y siguiéndoles de cerca, conoceremos a otros habitantes y cómo actúan sobre la superficie arrugada de ese pedazo de planeta. Al igual que estar solo implica una tensión entre la soledad, entendiendo ésta como la parte que nos acosa, y la solitud, que sería el equivalente a la parte que nos lleva a disfrutar, los habitantes que van dibujando el entramado de vida de la isla no terminan de decantarse hacia la felicidad, que conocen a través de su antónimo, la desdicha. Hay cierto espíritu de resignación en la obra, que es el que tiñe la atmósfera que se respira.
(...)
Los valores literarios que Selimovic saca a colación tienen que ver con el conocimiento humano. Las breves pinceladas con las que nos dibuja a los personajes valen tanto como los retratos de las mejores películas de realismo social. Lamentamos que no haya posibilidad de echarles una mano, con una intensidad semejante a la que hemos sentido leyendo, por ejemplo, a Bohumil Hrabal. El lector comprenderá que estos relatos, que poco a poco van configurando una novela sobre la cartografía humana, conmueven, y que conmoverse es lo que importa. Uno podría echar el día elaborando un artículo acerca de cómo Selimovic aplica la inteligencia y las teorías literarias a sus textos, pero eso carecería de auténtico sentido. Lo que nos importa son las personas, lo que nos importa es lo que nos va haciendo mejores mientras participamos de la vida como observadores. Esa es la gran aportación de esta novela.
- ESTADO CRÍTICO (Luis Antonio Gómez Sierra)
a sabiduría popular es, en ocasiones, muy acertada con sus sentencias. Y hay una que dice que “lo bueno, si breve, dos veces bueno”. A veces, en la literatura se cumple esta máxima, aunque no siempre sea así. Cuando se da, se suele apreciar la capacidad de síntesis del autor o autora no solo en la extensión de la historia, sino también en la virtud de elegir un lenguaje que condense las ideas, un léxico que vaya al grano y no se utilice para divagar y divagar y llegar al mismo sitio después de una gran cantidad de páginas.
Es así como el serbobosnio Mesa Selimovic trabajó con las palabras en La isla, y que su traductor, Miguel Roán, ha tenido la capacidad de trasladar al español sin perder, aparentemente, ni un ápice de calidad si nos atenemos a lo que quienes saben de esto del arte de la traducción han dicho. La historia que nos cuenta es, en principio, bien sencilla: tenemos a un matrimonio que decide irse a vivir a una isla apartada del mundanal ruido. Dicho así, no parece muy atractiva la idea de ponerse a leer esta novela. Pero si les dijera que en poco más de doscientas páginas Selimovic es capaz de ponernos frente al espejo de muchos de esos asuntos por los que la filosofía se ha preguntado a lo largo de la historia de la humanidad, quizás la cosa cambie y nos entre el gusanillo de la lectura, de querer saber qué nos quiere contar el autor. Eso sí, si nos embarcamos en la lectura de este libro, tenemos que hacerlo con los cinco sentidos. Hay que paladear cada frase, exprimir cada palabra, leer sin prisa porque en muy poco se dice mucho. La isla no es de esas novelas que, si desconectas, puedes volver a coger el hilo sin dificultad. Al contrario, es una novela exigente, aunque agradecida en última instancia.
Si entramos en el contenido de La isla, encontraremos historias que pudieran parecer inconexas, pero que poco a poco dejan de aparentarlo. Hay, incluso, cierto toque onírico que va y viene en ocasiones y que sorprendentemente es necesario en algún momento para dar sentido a las tribulaciones del matrimonio protagonista. Asimismo, gracias a dichas historias vamos descubriendo su pasado, las razones que los han llevado a tomar la decisión de mudarse a vivir a la isla – decisión, todo sea dicho de paso, motivada fundamentalmente por él –; razones muchas de ellas directamente relacionadas con el devenir histórico y político de la región balcánica en la que, sobre todo él – de nuevo –, se vieron envueltos.
Por otro lado, y entroncando con lo que mencionábamos unas líneas más arriba sobre las grandes cuestiones de la filosofía, Selimovic utiliza a sus personajes para reflexionar sobre asuntos como la muerte, la familia, las relaciones sociales tanto incluyentes como excluyentes, el amor en su dimensión filial y de pareja, la soledad o la vejez. Y lo hace de manera magistral, dando donde más duele, provocando desasosiego en el lector y llevándolo a reflexionar más allá de las páginas de la novela.
Es un acierto que celebramos que Automática Editorial haya decidido recuperar esta obra y ponerla a disposición del lector hispanohablante. La labor que realizan estas editoriales independientes en el ecosistema del pensamiento es impagable ya que se dedican a descubrirnos textos que los grandes conglomerados editoriales no publican por su falta de rentabilidad o por estar destinados a sectores minoritarios que a estas corporaciones no les interesa dar pábulo por cuestiones ideológicas y no solo pecuniarias. Gracias a la valentía de las editoriales independientes (publicar este tipo de libros es casi un acto heroico) podemos seguir alimentando nuestro alma – si es que eso existe –, aprendiendo y aprehendiendo conocimiento, perspectivas y visiones del mundo que la censura de las grandes editoriales nos hurtaría.
- EL CORREO (Eduardo Laporte)
La isla se publicó por primera vez a mediados de los años setenta y por capítulos en una revista distribuida en Belgrado, lo que explica su carácter politemático; esto no significa que carezca de unidad ni que no pueda disfrutarse como un todo. Pivota en torno a dos personajes, Ivan y Katarina, que viven retirados en una isla del Adriático, donde se soportan mutuamente y también soportan, en la medida de lo posible, una vida ya desprovista del brillo de la inocencia.
La novela se puede interpretar como un retrato de nuestra propia corrupción interior, no exenta de ramalazos existenciales: «¿Quién nos mantiene dormidos y quién nos despierta? ¿Es la muerte el despertar?». Una novela muy del siglo XX, pero también con ese descreimiento entre irónico y ácido propio de ciertas voces del Este: una mirada que, sin renunciar a lo procaz, es consciente de que hay una belleza latente en todas las cosas. Recuerda a otras novelas publicadas en la misma editorial, como la más reciente La vergüenza, de Cristian Fulaș. Hay algo adictivo en la prosa de Selimović (Tuzla, 1910 – Belgrado, 1982) en ese viaje entre el sarcasmo y la ingenuidad. Cada capítulo se puede leer como una historia propia, armónica dentro del conjunto, que rezuma un anhelo de libertad y felicidad ecologista: el soñar otras vidas, otros mundos posibles, como el que habitan los caballos salvajes que dan título a uno de los textos más hermosos incluidos en este libro, felizmente recuperado.