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Más de un siglo se alarga el día

Chinguiz Aitmátov

ISBN: 978-84-10141-01-8

Encuadernación: Cosido

Formato: Rústica con solapas

Fecha de publicación: 23/10/2024

Número de páginas: 560

Traducido por: Marta Sánchez-Nieves Fernández

Imagen de cubierta: Irene Galán

PVP: 29,00€

Esta obra ha recibido una ayuda a la edición de la Comunidad de Madrid y del Ministerio de Cultura

Ediguéi Buranny trabaja de ferroviario en un remoto apartadero. Un día recibe la noticia de que su amigo Qazangap ha fallecido. Ediguéi decide entonces llevar el cuerpo del difunto hasta el legendario cementerio kazajo de Ana-Beit, en una travesía de un día entero. En el transcurso del largo camino, que hace junto a su camello y una pequeña comitiva, reflexiona sobre sus experiencias vitales, la guerra, su mar de Aral natal, las purgas de Stalin, la fugacidad de la vida, las viejas historias  de su clan, la importancia de la tradición, el progreso de la humanidad.

Ambientada en la estepa kazaja en la década de 1950, esta novela, cargada de realismo y leyenda, es uno de los trabajos más importantes de la carrera del autor kirguís Chinguiz Aitmátov. Publicada originalmente en 1980, la obra ha pasado por varias ediciones con diferentes títulos y pasajes que el autor fue omitiendo y añadiendo. Casi cuatro décadas después de publicarse en castellano por primera vez, vuelve a ver la luz en una nueva traducción.

«Ahora nos estamos convenciendo de que la auténtica literatura vive incluso en el régimen más cruel, más duro. Ella lucha por la vida y apoya la aspiración auténtica del hombre por la libertad. Por esta razón, la literatura en Rusia ha tenido siempre un estatuto especial; ha constituido una tribuna y una llamada y ha sido también arrepentimiento y manera de ver la belleza del mundo, la belleza de la sustancia humana, del ser humano». Chinguiz Aitmátov (1991)

«Un logro hermoso y sobresaliente. Aitmátov nos ha regalado una obra de arte fina y conmovedora, tal vez la mejor novela aparecida en ruso desde los tiempos de Solzhenitsyn». STL Today

«Enormemente gratificante». Times Literary Supplement

También disponible en eBook

Sobre este libro han dicho:
  • LA LECTURA (Marta Rebón)

    Chinguiz Aitmátov: ecos del pasado llegados desde las estepas

    Víctima de la censura en su época, esta novela del escritor kirguís explora mediante metáforas y leyendas de Asia Central las contradicciones y malestares que se vivían en la periferia de la Unión Soviética a finales de los años 70

     

    En las vastas extensiones desérticas de Sary-Ozeki, conocidas como "las tierras medias de las estepas amarillas", conviven camellos, ferrocarriles y naves espaciales. Chinguiz Aitmátov (Sheker, Kirguistán, 1928-Núremberg, 2008) fusionó tradición y progreso en su primera novela, ambientada en Kazajistán. La obra, que cae en algunos excesos típicos de un debut, no peca de falta de audacia: varias líneas argumentales exploran las contradicciones y malestares de finales de los años 70 en la periferia de la Unión Soviética, en las que se entrelazan leyendas y mitos de Asia Central. No es de extrañar, pues, que Aitmátov haya sido comparado con los autores del realismo mágico latinoamericano.

    En el día al que se alude en el título (Más de un siglo se alarga el día, un verso tomado de Borís Pasternak) se relatan los esfuerzos de un ferroviario, Ediguéi Buranny, por cumplir el último deseo de su amigo del alma, Qazanghap, de recibir sepultura en el cementerio de Ana-Beit. Esto servirá de pretexto para echar cuentas del pasado y sus consecuencias: el trauma de la colectivización, el nacionalismo estalinista, la amarga repatriación de los prisioneros de guerra soviéticos y la carrera armamentística.

    Sin embargo, no podrá satisfacer las últimas voluntades de su amigo, ya que el cementerio ha quedado dentro del perímetro de un cosmódromo. En paralelo, la novela incluye las aventuras espaciales de unos cosmonautas que descubren una civilización que parece haber alcanzado la utopía que se prometió en la Tierra. En 1990, sin la censura soviética, se pudo recuperar una larga sección de la obra, "La nube blanca de Gengis Kan", una parábola que proyecta los horrores del imperio mongol sobre el soviético. Seis años después, añadió todavía un capítulo final de corte filosófico. A través de sus tres partes, el lector construye complejos vínculos asociativos.

    La potente imaginería y el lenguaje alegórico de Aitmátov, que como hijo de un "enemigo del pueblo" no pudo estudiar literatura en Moscú hasta la muerte de Stalin, se ejemplifican en una leyenda de su autoría, la de la historia detrás de las tierras donde se ubica el cementerio Ana-Beit, muy conocida y usada como metáfora sociológica en el mundo de habla rusa.

     

    (...)

     

  • Un libro al día (Koldo

    Más de un siglo se alarga el día es la historia de marginados que se aferran a momentos luminosos, de hombres corrientes sometidos a los azares de la Historia, de seres que viven, luchan, aman y mueren entre el dolor y la esperanza. También es un texto que habla sobre la eterna lucha entre lo viejo y lo nuevo, "civilización" o "barbarie" (¿cuál?), sobre los mecanismos del poder y la alienación, sobre la inmutabilidad e inevitabilidad de ciertas cosas, sobre vidas cotidianas, etc.

    Para hablar de todo ello, el autor recurre a dos líneas principales (una más que otra, la verdad): la "realista" y la "ciencia-ficción", teniendo además la línea realista una serie de desvíos y derivaciones, vinculados al mito y a la leyenda, de suma importancia en la novela. 

     

    El lado realista de la novela nos habla de la vida en las estepas y nos lleva a la colectivización, a la Segunda Guerra Mundial, a la represión estalinista, la desestalinización, etc. (Destaca, en esta vertiente de la novela, la terrible y "hermosa", al mismo tiempo, historia de Abutalip y Zaripa). Pero decía que esta línea realista toma desvíos y derivaciones vinculados al mito y a la leyenda, siempre con una lectura claramente política. Es aquí donde pasado y presente se unen y muestran la atemporalidad de la novela y donde encontramos una referencia clara para situar la novela de Aitmátov. Esta no es otra que el gran Ismail Kadaré y obras como, por ejemplo, Abril quebrado o El palacio de los sueños.

  • Detour

    Chinguitz Aitmátov. Frente a la inexistencia, por Juan Jiménez García

    Cuando empecé el libro, nada había pasado. Algo más de quinientas cincuenta páginas después, nosotros también tenemos un día que se alarga más de un siglo, que se alargará más de un siglo, que será otra fecha en nuestro calendario de catástrofes, colectivas, personales. ¿Cómo no entender que quería decir Chinguiz Aitmátov? Allí, en las estepas sarozenas, aquí, al sur de la ciudad. Entre medias, años, un cambio de siglo e incluso caídas y dioses. Alrededor de todo, nuestra relación con la naturaleza, frente a la que poca cosa somos (consciente o inconscientemente) y con la muerte (el día al que hace referencia el escritor kirguís, es un día de entierro). Hay una palabra que escribe y que me pareció estremecedora, ya antes: la partida de un ser humano a la inexistencia. La inexistencia.  

    Este es un libro en el que un solo día, el día del entierro de Qazanghap, se convierte en el camino por el que retrocede la historia, lejos, muy lejos, anterior incluso a la muerte de Stalin, cuando Stalin lo era todo, absolutamente todo, la vida y la muerte, incluso en aquel apeadero en el que los trenes avanzan de este a oeste y de oeste a este, sin detenerse las más de las veces. Allí vive también Ediguéi Buranny (así llamado por el lugar, Boranly-Buranny). Nadie parece estar preparado para pasar allá mucho tiempo, un rincón en el fin de un mundo, junto a un cosmódromo. Allí no hay nada. Solo espacios vacíos, inviernos. Sin embargo, tanto Qazanghap y su mujer, como Ediguéi y su mujer, permanecen. Él era pescador en el lago Aral (que poco a poco va desapareciendo), antiguo héroe de guerra. Ahora también trabaja en la estación y ve pasar los trenes y el tiempo. Las estaciones y las injusticias, a veces también la felicidad y el amor. Hasta allí, todo eso es posible. La naturaleza humana también crece allá.

    (...)

  • ZENDA (Ricardo Martínez Llorca)

    El valor literario del respeto

    Hay un viaje concebido como duelo para despedir a un amigo. Estos desplazamientos no son nuevos en literatura: basta con asomarse a Mientras agonizo para entenderlo. Pero Chinguiz Aitmátov (Sheker, 1928 – Núremberg, 2008) avanza hacia un valor que no solemos tener en cuenta a la hora de acertar con la altura literaria de una obra, y este valor es el respeto: «De pronto, Ediguéi comprendió con absoluta claridad y con un agudo arrebato de pesar que lo invadía que, a partir de ahora, solo le quedaba recordar…». Esta novela, Más de un siglo abarca el día, es una demostración de cómo recordar sin angustia, a pesar de ser consciente de que la memoria no es una flecha, no es una dirección, sino que se trata más bien de un territorio en el que nos desplazamos de mil maneras, incluida la teletransportación. Un rato estamos en un rincón soleado, y al segundo siguiente nos vemos paseando bajo la tormenta. Aitmátov nos da toda una lección al tratar con respeto cualquier paso de la memoria del protagonista, incluidos los que tienen que ver con los años de plomo posteriores a la Segunda Guerra Mundial. Estamos en una estepa kazaja, en los años cincuenta, en medio de ninguna parte y de ningún momento. Es un submundo dentro del mundo, es un desierto por el que de vez en cuando atraviesa un tren, y nuestro protagonista está encargado de custodiar una estación sin vida. Pero su memoria es un regalo, es una memoria coral, de la que aprendemos las costumbres, la historia y la geografía. En buena medida, la novela es un retrato en movimiento de una cartografía que desconocíamos que podía existir.

    (...)

    La obra está construida desde un itinerario, pero este no se corresponde tanto con una ruta física como con los estados de ánimo de nuestro protagonista. Al fallecer su amigo, se despierte el miedo a quedarse solo. Este acicate será el que active la memoria, que abarca más de un siglo, pues hasta Gengis Kan entrará a formar parte de los recuerdos que le han ido construyendo. La novela no elude la intervención política, dudando del sentido que tiene en lugares tan apartados el alzamiento contra la lucha de clases o, más concretamente, el régimen estalinista. Durante las purgas de Stalin se consideró al padre de Aitmátov enemigo del pueblo y fue ejecutado, lo cual no impidió que nuestro autor siguiera una carrera política, llegando a ser embajador de Kirguistán ante la Unión Europea. Se puede leer esta novela como una fábula política, pero ese sería un segundo nivel: lo más interesante, lo que nos atrapa de esta obra maravillosa, es todo el despliegue emocional, profundamente respetuoso, de su protagonista.

  • Letras Libres (Miguel Roán)

    Las leyendas son parte de la realidad. No se trata de la verdad del mundo real, sino del ser humano. La construcción de personajes verosímiles, la descripción de lugares remotos que nunca fueron visitados, relatos imaginados por el teclado del escritor, todo ello son hechos fácticos en la subjetividad del creador, por muy al margen que nos parezcan de lo verificable, por muy fantasiosos que nos resulten.

    Más de un siglo se alarga el día (publicado con otro título y traducción en 1985), del escritor kirguís Chinguiz Aitmatov (1928-2018), en una sólida y fluida traducción de Marta Sánchez-Nieves Fernández, es una leyenda genealógica: una vuelta de tuerca a los rudimentos más básicos del individuo y de su relación con el poder, la moral y las necesidades vitales. El mismo texto fue laminado por la censura y le fueron añadidos con posterioridad, durante la década de los noventa, extractos como la leyenda de la nube de Gengis Kan, lo que nos habla de que la obra reflejaba los fantasmas interiores de su clase política, el miedo a la dialéctica y la contradicción. O tal vez la amenaza que suponía para algunos gobernantes no poder controlar ni el más inocente de los pensamientos ensimismados. Todo líder sufre las sombras de la duda, sobre el favor del cielo, del destino o de lo divino, y Más de un siglo se alarga el día es una parábola de la subversión, la vulnerabilidad o la traición que anida en cualquier mundo interior.

    (...) 

    En una especie de círculo infernal, Más de un siglo se alarga el día expresa inercias incontrolables, insertadas en la pulsión humana. La incredulidad hacia los avances científicos, contrapesados con conspiraciones o con la misma creencia en Dios, el sentido de la justicia que se encuentra en las formas de convivencia más básicas, la atracción amorosa que puede emerger en cada uno de nosotros hacia otra persona, el valor de los recuerdos como experiencia revivida para confrontar el presente, el entusiasmo por un futuro tan lejano como incierto en su materialización; todo se plantea como parte de una leyenda que en Más de un siglo se alarga el día se torna en la materialización y continuidad de ambiciones, pasiones, necesidades, contradicciones y necedades que subsisten en todos nosotros por mucho que en nuestras mentes vivamos o intentemos vivir despegados de nosotros mismos, por mucho que integremos todos estos aspectos como elementos inconfesables de nuestra existencia animal, que ni siquiera el poder más omnímodo acaba de predecir, comprender y someter. ~

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